domingo, 22 de noviembre de 2009

Moyobamba. lunes, 09 de noviembre de 2009

Moyobamba es mi siguiente destino en la selva. Después de tres semanas en Lamas, tocan otras tres aquí. Y lo que sigue es mi segundo día.


Ayer estuve en la casa de Orfita, que es prima de Marinelly (mi mentora en Moyobamba).

Está junto al río, bajando por una escalera de cuatrocientos y pico escalones según me dijo ella misma, y lo sabe muy bien porque los sube y baja cada día. Para no cansarse, hace la respiración de yoga y cada cuatro escalones junta los dos pies, ese momento es un desccanso. Y llega arriba sin problema.

Orfita tiene una mansión que va construyendo poco a poco en un terreno que le dejó su papá, que era judío y tenía mucha vista para los negocios, al igual que ella. Ha sacado para adelante a dos hijos, con su correspondiente carrera universitaria y felizmente independizados que están ya los dos. La clave, me cuenta, es una gran capacidad de trabajo, esfuerzo y buenos principios morales.

Esta mujer tiene las cosas bien claras, no se le caen los anillos por trabajar en lo que sea, ella es enfermera pero ha trabajado de todo, abrió una panadería ella solita para pagar una deuda que tenía junto con su marido. Marido que se fue quince días antes de abrir a un funeral a su pueblo y llamó desde allí diciendo que iba a buscar trabajo porque la panadería no era para él, que él era ingeniero. Creo que aún sigue buscando.

Es divorciada, por motivos obvios pero está bien contenta y segura de sí misma, seguridad que le dio su papá porque jamás le puso la mano encima.

Señora de carácter, tiempo después se marchó a Miami a trabajar en un asilo de ancianos para pagarle la boda a su hija, que ella, bajo ningún concepto iba a dejar que el novio, canadiense, pensara que su niña lo quería nada más que por el dinero, así que se piró, reunió nosecuantosmil dólares y listo, y no dejó que el gringo soltara ni un chavito, faltaría más.

Ayer andaba algo conmocionada porque el día anterior había recibido la visita del embajador cubano con cuarenta personas más que prácticamente llegaron de improviso. Ella no alcanzaba a saber para qué había prestado su casa, lo supo en el momento de los discursos cuando empezó a oir hablar de las virtudes de la bendita revolución y ella por ahí no pasa. Le tocó hablar y dejó bien clara su posición diciendo que la mejor y mayor enseñanza de su padre había sido inculcarle el amor al trabajo. No dijo más y con esto les aclaró que no le gustaba nada lo que estaba viendo y oyendo. Tampoco le gustó que le malograran las plantas y tuvo que restructurar su colección de macetas que estaban siendo agredidas por los participantes en el evento. En el futuro tendrá más cuidado con la clase de gente a la que le abre la puerta.

El hecho es que todo el mundo quiere entrar a ver su casa. Como he dicho es un terreno muy cerca del río, con un par de lagunitas llenas de un agua que brota de por allí. Se dedica al cultivo de plantas ornamentales, todo está cubierto de cuidadísima hierba y tiene en proyecto un paseo todo alrededor de las dos hectareas de hacienda. La vereda irá toda salpicada de arbolitos y toda clase de plantas a cual más colorida.

La verdad es que la señora tiene buen gusto. Hay una cocina grande que me da mucha envidia, cuadrada con una mesa al centro y por el contrario al resto de hogares peruanos que he visto hasta ahora, todo está muy ordenado y con toda clase de detallitos que a mi madre le encantarían (hay un especiero con letreros, mama)

Fuera, unas mesas con sus sillas y unos pisamanteles pintados por ella misma, unas hamacas colgadas y un montón de macetas con plantas que se preparan para vivir en la tierra del jardín. Planea construir un segundo piso enorme.

También hay una casita para ella, en la que quiero quedarme a vivir yo y una casa para el guarda, que le cuida el chiringo y así ella puede viajar. Ahora se va a Canadá a ver a su nieta.

Si ella fuera la alcaldesa su campaña electoral sería ni más ni menos asfaltar todas y cada una de las calles de Moyobamba y plantar césped en las veredas. Y a los que no pueden arreglar su casa les obligaría a vender a otro que sí pudiera, para que no esté la ciudad tan fea y cochambrosa ¿no queremos vivir del turismo? pues eso.

Me contó un montón de cosas y me dio un consejo: no hay que fiarse nunca de los comunistas, que ya se sabe que te lavan el cerebro y se aprovechan de una.

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