miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hoy toca protestar

Voy.
Estoy hasta lo más profundo de las narices del ruido. No puede ser que en los confines del mundo haya más que en la Gran Vía. Me acuesto con los motocarros, me despierto con los motocarros (a las seis de la mañana es hora punta), suenan los motocarros a todas y cada una de las horas del día, con sus correspondientes minutos. No se callan nunca. Bueno, deben de parar justo a las tres de la mañana, pero casualidad, yo a esas horas ando durmiendo y no puedo disfrutar del momento.
Recién llego de comerme un cebiche que hubiera sido perfecto de no ser por la banda sonora a base de videos musicales a todo pisto que salía de una pantalla más grande que la habitación. Y en los descansos entre canción y canción, cómo no, una moto ¿Pero de dónde saca esta gente tanta resistencia al estruendo? Ni tengo aguante para soportarlo, ni voz para combatirlo.
Después de las dos primeras semanas en el país pensé que me había acostumbrado, y de hecho más o menos lo tolero, pero de vez en cuando me entran unas ganas tremendas de agarrar un kalashnikov y cargarme absolutamente todo lo que suene. Haré ruido yo también, pero me han dicho que con eso acabo rapidito.
Necesito un segundo de paz.
Qué un segundo, la vida entera.

Y ya está, no es mucho pero tenía que desahogarme.
Besos y hasta otra.
laura


domingo, 22 de noviembre de 2009

Moyobamba. lunes, 09 de noviembre de 2009

Moyobamba es mi siguiente destino en la selva. Después de tres semanas en Lamas, tocan otras tres aquí. Y lo que sigue es mi segundo día.


Ayer estuve en la casa de Orfita, que es prima de Marinelly (mi mentora en Moyobamba).

Está junto al río, bajando por una escalera de cuatrocientos y pico escalones según me dijo ella misma, y lo sabe muy bien porque los sube y baja cada día. Para no cansarse, hace la respiración de yoga y cada cuatro escalones junta los dos pies, ese momento es un desccanso. Y llega arriba sin problema.

Orfita tiene una mansión que va construyendo poco a poco en un terreno que le dejó su papá, que era judío y tenía mucha vista para los negocios, al igual que ella. Ha sacado para adelante a dos hijos, con su correspondiente carrera universitaria y felizmente independizados que están ya los dos. La clave, me cuenta, es una gran capacidad de trabajo, esfuerzo y buenos principios morales.

Esta mujer tiene las cosas bien claras, no se le caen los anillos por trabajar en lo que sea, ella es enfermera pero ha trabajado de todo, abrió una panadería ella solita para pagar una deuda que tenía junto con su marido. Marido que se fue quince días antes de abrir a un funeral a su pueblo y llamó desde allí diciendo que iba a buscar trabajo porque la panadería no era para él, que él era ingeniero. Creo que aún sigue buscando.

Es divorciada, por motivos obvios pero está bien contenta y segura de sí misma, seguridad que le dio su papá porque jamás le puso la mano encima.

Señora de carácter, tiempo después se marchó a Miami a trabajar en un asilo de ancianos para pagarle la boda a su hija, que ella, bajo ningún concepto iba a dejar que el novio, canadiense, pensara que su niña lo quería nada más que por el dinero, así que se piró, reunió nosecuantosmil dólares y listo, y no dejó que el gringo soltara ni un chavito, faltaría más.

Ayer andaba algo conmocionada porque el día anterior había recibido la visita del embajador cubano con cuarenta personas más que prácticamente llegaron de improviso. Ella no alcanzaba a saber para qué había prestado su casa, lo supo en el momento de los discursos cuando empezó a oir hablar de las virtudes de la bendita revolución y ella por ahí no pasa. Le tocó hablar y dejó bien clara su posición diciendo que la mejor y mayor enseñanza de su padre había sido inculcarle el amor al trabajo. No dijo más y con esto les aclaró que no le gustaba nada lo que estaba viendo y oyendo. Tampoco le gustó que le malograran las plantas y tuvo que restructurar su colección de macetas que estaban siendo agredidas por los participantes en el evento. En el futuro tendrá más cuidado con la clase de gente a la que le abre la puerta.

El hecho es que todo el mundo quiere entrar a ver su casa. Como he dicho es un terreno muy cerca del río, con un par de lagunitas llenas de un agua que brota de por allí. Se dedica al cultivo de plantas ornamentales, todo está cubierto de cuidadísima hierba y tiene en proyecto un paseo todo alrededor de las dos hectareas de hacienda. La vereda irá toda salpicada de arbolitos y toda clase de plantas a cual más colorida.

La verdad es que la señora tiene buen gusto. Hay una cocina grande que me da mucha envidia, cuadrada con una mesa al centro y por el contrario al resto de hogares peruanos que he visto hasta ahora, todo está muy ordenado y con toda clase de detallitos que a mi madre le encantarían (hay un especiero con letreros, mama)

Fuera, unas mesas con sus sillas y unos pisamanteles pintados por ella misma, unas hamacas colgadas y un montón de macetas con plantas que se preparan para vivir en la tierra del jardín. Planea construir un segundo piso enorme.

También hay una casita para ella, en la que quiero quedarme a vivir yo y una casa para el guarda, que le cuida el chiringo y así ella puede viajar. Ahora se va a Canadá a ver a su nieta.

Si ella fuera la alcaldesa su campaña electoral sería ni más ni menos asfaltar todas y cada una de las calles de Moyobamba y plantar césped en las veredas. Y a los que no pueden arreglar su casa les obligaría a vender a otro que sí pudiera, para que no esté la ciudad tan fea y cochambrosa ¿no queremos vivir del turismo? pues eso.

Me contó un montón de cosas y me dio un consejo: no hay que fiarse nunca de los comunistas, que ya se sabe que te lavan el cerebro y se aprovechan de una.

jueves, 12 de noviembre de 2009

domingo, 1 de noviembre de 2009. Lamas

hoy toca narrar un acontecimiento bastante curioso: un matrimonio entre nativos del barrio waiku.

(introduzco al que no sepa qué coño pinto yo en perú, que me temo que no he aclarado todavía: sucede que estoy en Lamas, un pueblo de la región de San Martín, selva o ceja de selva según a quien preguntes, justo anterior a la llanura amazónica, y donde hay un barrio (el waiku) casi exclusivamente poblado por nativos quechwa-lamistas, descendientes de los Motilones o Chankas, que resistieron como pudieron al imperialismo Inca y que conviven más o menos amigablemente con la población mestiza de por aquí. y resulta que mi función, además de sensibilizarme como me enseñaron en las jornadas de formación de los jóvenes castores, es entre otras cosas, realizar un 'levantamiento fotográfico', que dicen por aquí, sobre la cosa de la interculturalidad)

procedo:

yo ahorita mismo estoy muerta de calor, son las 4 de la tarde y hoy hace bochorno, cosa que no pasa demasiado, pero cuando pasa, es ligeramente infernal. los tejados son de calamina (chapa), los techos ahora se construyen bajos a causa de un terremoto que derribó muchas casas, y esta bonita mezcla complica el tema de encontrar un lugar fresco. pero ya pronto serán las 5 y refrescará un poco. además no puedo irme my lejos porque he cambiado el resfriado de la semana pasada por una cagalera, y he de mantenerme cerca del hotel, por seguridad, más que nada.

pues resulta que ayer estuve más o menos de invitada en una boda en el waiku.

así, para empezar diría que los novios eran lo mas sieso que te puedes echar a la cara, pero parece que han de comportarse así. llevan en realidad 2 años conviviendo, pero no se miraron ni sonrieron en todo el día. no pueden comer, pero se sientan a la mesa con todos, les ponen el plato y luego se lo quitan y ahí se quedan con su cara de nabo. es algo así como que tienen que evitar las habladurías.
me levante a las 5.30, no desayuné, a las 6 hubo una misa coñazo, católica, oficiada por un cura vasco con cierto gusto por el sermoneo, la homilía duro eternamente y les habló de la importancia de que los maridos ayuden a llevar la carga de la chakra (granja) cosa que por lo visto hacen las mujeres, con una cinta que se pasan por la frente, y luego no pegarles ni emborracharse todo el rato. no se hasta que punto los nativos gustan de estas prácticas, pregunté y dijeronme que eran mas bien los mestizos, pero tampoco te puedes fiar mucho de una sóla respuesta, aquí el que no sabe algo se lo inventa.

después fuimos en procesión hasta la casa de alguien donde cambiaron a la novia de traje (se cambia 3 veces a lo largo del día) y luego más procesión hasta la casa del novio, o del padre del novio, no estoy segura, o igual es la misma. allí se sentaron uno a cada lado de la habitación y repartieron bizcochuelo y trago (aguardiente). empecé el día con un poco de esto, un bizcochuelo y una cerveza calentita.

y luego comienza lo divertido, los familiares, por turnos, van bailando una cosa como la sardana y dos locas les echan el bizcocho desmenuzado y el aguardiente por encima. y claro, luego le toca recibir al resto del personal. después de que me ducharan con trago enterita, con el regocijo general, y especial ensañamiento, que para eso soy gringa, me fui a duchar y a cambiarme, qué olor, por dios. desayuné en casa de Nelly otra vez algo más decente (café y huevos fritos con chorizo, plátano también frito y yuca.hale) y a la una de la tarde otra procesión, a la casa de la novia. vuelta a sentarse cada uno en un sitio, unos bailes y sacan unas mesas donde se ponen a comer los familiares. sopa y arroz con gallina. me invitaron, naturalmente hube de aceptar bajo amenaza de no ser bien recibida nunca más, y tengo que decir como conclusión que no me gusta la gallina. nada. y que es difícil comer arroz con los deditos. y ya me fui, porque lo demás era más de lo mismo, sólo que cada vez más chuza todo el mundo.
además no acababa ahí el día. mi colega Nelly, que está pendiente de mi todo el día pa' que no me falte de ná, me llevo a las cataratas de Chapawanki en un camioncito colectivo, me condujo por allí a la velocidad del rayo porque andabamos con prisa para coger el mismo camioncito de vuelta pero en otra parte, y luego de hacer cuatro fotos y fichar en la piedra de la catarata hubo que subir hasta la finca de otra profesorita que me había invitado a pasar la noche, andandito, por una cuestecita bastante hacia arriba y allí me dejó con el tiempo justo para que ella agarrara el camión a su casa. llegué muerta, me duché en pelotas en un caño en mitad del campo, cenamos cerdo (frito) con plátano, hicimos un fueguito, charlamos con el vecino y a dormir. más o menos. el tema de tanta aglomeración de acontecimientos es que como ando todo el día protestando por el ruido de los motocarros a las 6 de la mañana, Dielmith, que así se llama la profesora me invitó allí, que no se oye nada, lo cual agradecí mucho, lo único que el programa del finde acabó resultándome algo apretado. aquí conviene aceptar las invitaciones para no herir sensibilidades. qué boca más grande tengo, madre.
sigo, a las 7 arriba, otro camioncito y a las 8.30 izamiento de bandera, cosa que por estos lares llevan con mucha seriedad (cantan el himno a voz en grito, muy solemnes y con la mano en el corazón, no como nosotros que cantamos lo de que franco tiene el culo blanco y eso). y lo dicho, mucha ceremonia, mucha tontuna política patria y otra vez al waiku, al 'aconsejamiento' de la boda, que esto no ha acabao.

el aconsejamiento es una ceremonia que se hace al día siguiente de la boda, que siempre es en sábado, con lo que esto nos sitúa en el día de hoy, domingo, más o menos a las diez de la mañana.

en la boda, además de los novios, están los padres de cada cual, los abuelos y un padrino y una madrina que forzosamente han de ser mestizos. estos son los que sirven la comida, cuidan de que todo esté bien y pagan, entre otras cosas, a los músicos. y debe de ser que lo de la música no tiene precio (tres individuos se pegan todo el día y toda la noche tocando, uno el bombo, otro el tambor y otro la quena (el txistu) o el clarinete, el de la quena cobra más porque es más sacrificado), el caso es que el padrino parece que se negó a pagarles y al día siguiente, supongo que avergonzadamente digno, no se presentó a hacer una de sus labores principales: aconsejar a los novios y repartir unos latigazos por aquí y por allá, para saldar deudas morales. Y parece que esta parte importa de veras, porque Nelly, que estaba conmigo y es mestiza, andaba preocupada pensando en ofrecerse ella misma para lo de los consejos, no se fueran a quedar los recién casados sin la porción correspondiente de sabiduría misty. y casi que menos mal que al final no dijo nada, me hubiera impresionao mucho verla con lo de los latigazos.

al caso. después de esperar mucho, o eso me pareció a mí, dadas mis circunstancias personales de cansancio, calor, olor a cuerpos destilando aguardiente y moscas (allí no había dormido nadie y presentaban todos un aspecto que no sé cómo calificar, y es que además seguían bebiendo supongo que para no dormirse) empezó el sarao. en una habitación colocan dos bancos enfrentados como a cuatro o cinco metros uno del otro, uno para cada familia, los varones, como siempre. las mujeres y el resto del personal, que es mucho y variado, se desperdigan por el suelo detrás de los bancos. y los recien casaditos van pasando persona por persona, saludandose en medio de una letanía en quechwa, igual de serios que el día anterior, pero más relajados. cada cual les cuenta su milonga, entre las que destaco la de la madre del novio, que se puso a llorar también en quechwa después de pronunciar en medio de la letanía claramente (para mí) las palabras 'emergencia' y 'tarapoto'.

luego se espera otro rato que a ellos les sirvió para repartir más trago y a mí para querer morirme un poco más deprisa y empezar a notar que las nauseas subían y bajaban con una frecuencia e intensidad alarmante. al cabo, los dos padres se colocan en el medio de la habitación, sueltan otra monserga y en un momento dado uno se arrodilla y el otro le sacude dos latigazos en la espalda que yo creo que tienen que doler. se sonríen y cambian. vuelta a sacudirse, vuelta a sonreirse y hale, se acabó lo que se daba. lo que se dicen en estos momentos delicados tiene que ver con reprocharse cosas que hayan pasado y que haya que arreglar de alguna manera. supongo que esta es tan buena como cualquier otra.

como yo allí no me enteraba de nada, esperé aún más rato y cuando ya un integrante del evento me invitó a sentarme con él en el banco y a preguntarme por mi vida, deduje que allí no había más que rascar y me escapé echando leches. ¿y dónde están los motocarros cuando hacen falta? haciendo ruido al lado de mi hotel, no en el waiku para subirme a mí la cuesta a pleno sol uno de los días que más calor ha hecho desde que estoy aquí. llegué arriba no sé cómo, me duché como tres veces y descubrí el delicado estado de mi estómago creo que a causa de la gallina. su mera evocación junto con el olor a yoquesé con moscas me trastorna considerablemente.

para terminar tengo que decir, Belisa y María, que a pesar de la innegablemente buena oportunidad que se me ha presentado con esto, las fotos las he hecho como he podido a causa de lo que aquí cuento, espero os hagáis cargo. y espero que esté todo claro porque además del malestar general con el que escribo hay aquí una interferencia entre laura pausini desgañitándose y una cumbia, y subiendo.

otra conclusión: junto a la gallina, tampoco me gusta la cumbia.

un beso y a seguir bien

laura

más fotos, venga que estoy que lo tiro

yo, con mi gracia natural para posar, en lamas
lamas
cosas que pasan